�� “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres
sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor
servís.” — Colosenses 3:23-24

Introducción:
El mundo laboral actual está marcado por la competencia, la presión de resultados y la
cultura del rendimiento. En medio de este entorno, ser cristiano puede parecer un reto
constante. Pero Dios no nos llamó a escondernos, sino a ser sal y luz, incluso en el mundo
corporativo.
¿Cómo mantener nuestra fe activa y visible sin comprometer los principios del Reino?
¿Cómo trabajar con excelencia y firmeza espiritual en un lugar donde Dios parece no estar
en la agenda? Este tema nos invita a descubrir cómo ser testimonio vivo en la oficina, en la
empresa o en cualquier ambiente profesional.

1️⃣ Trabaja como para el Señor, no para los hombres
Colosenses 3:23-24 nos entrega una clave poderosa: lo que hacemos en el trabajo no es solo
para agradar a jefes o clientes, es una ofrenda diaria al Señor. Cuando entiendes esto, tu
perspectiva cambia: desde la forma en que saludas a un compañero, hasta cómo enfrentas
una injusticia o cumples una tarea. Todo es una oportunidad para reflejar a Cristo.

2️⃣ Ser luz en la oscuridad sin perder el brillo
Ser luz en entornos seculares no significa predicar con altavoz en la oficina, sino reflejar a
Jesús con integridad, honestidad, responsabilidad y compasión. Es negarse a participar en
chismes, rechazar las trampas éticas y brillar por el carácter.
La luz no compite con la oscuridad, simplemente la expone. Tu ejemplo habla más fuerte
que cualquier palabra.

3️⃣ Ser sal sin perder el sabor
Jesús dijo que somos la sal de la tierra. La sal conserva, da sabor y evita la corrupción. En el
trabajo, eso significa mantenerte firme en tus valores, no ceder ante la presión de lo común
o lo popular. La sal que pierde su sabor no sirve de nada.

Ser sal es influir sin imponerse, marcar la diferencia sin arrogancia, hablar con gracia y
actuar con sabiduría.

�� Conclusión:
No tienes que dejar tu fe en la puerta de la oficina. Dios te plantó en ese lugar con propósito.
Tú eres su embajador en un mundo que necesita valores eternos.
En el mundo corporativo, tú puedes ser excelencia con compasión, productividad con
testimonio, profesionalismo con carácter. Trabaja como para el Señor y deja que Él sea
glorificado a través de cada correo, reunión o decisión que tomes. Porque en todo, aún en lo
laboral, servimos a Cristo.

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