�� “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestr
entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y
perfecta.” — Romanos 12:2

Introducción:
La inteligencia artificial está revolucionando el mundo. Asistentes virtuales, algoritmos
predictivos, máquinas que aprenden… vivimos en una era donde lo digital parece tener
todas las respuestas. Pero en medio de tanta automatización, surge una pregunta vital:
¿Dónde queda Dios? ¿Dónde encaja la fe en un mundo que idolatra la eficiencia?
Este escrito no busca rechazar el avance, sino discernirlo. Porque como creyentes, no solo
debemos avanzar con el mundo, sino mantenernos conectados con el Espíritu Santo, el
único que puede guiarnos con sabiduría y verdad.

1️⃣ Avance tecnológico: bendición o distracción
La tecnología no es enemiga de la fe. De hecho, puede ser una herramienta para evangelizar,
aprender y servir. Pero el peligro surge cuando dejamos que las máquinas reemplacen al
Maestro. Cuando sustituimos la oración por la búsqueda en Google. Cuando consultamos
más a los algoritmos que al Espíritu.
Romanos 12:2 nos exhorta a no conformarnos a este siglo, a no dejarnos moldear por los
patrones del mundo actual, por muy eficientes que parezcan. La mente del creyente debe
ser renovada por la Palabra, no por los datos.

2️⃣ El discernimiento espiritual es más necesario que nunca
La inteligencia artificial ofrece soluciones, pero no da dirección espiritual. No conoce tu
propósito, tu llamado, ni el diseño del cielo para tu vida. En un mundo lleno de voces
digitales, necesitamos oídos sintonizados al cielo.
Discernir es distinguir entre lo útil y lo distractor, entre lo brillante y lo verdaderamente
sabio. El Espíritu Santo sigue siendo la fuente más confiable, aunque no tenga una interfaz
atractiva o un botón de “responder”.

3️⃣ No pierdas la conexión más importante
Puedes tener el mejor teléfono, la app más nueva, el sistema más inteligente… pero si has
perdido la comunicación con Dios, has perdido el verdadero centro.
Romanos 12:2 termina con una promesa: si renovamos nuestro entendimiento,
conoceremos la voluntad de Dios, esa que es buena, agradable y perfecta. Y esa voluntad no
la conoce ningún software. Solo se revela a los que buscan con humildad, con fe, con
intimidad.

�� Conclusión:
La inteligencia artificial podrá ayudar, pero no podrá guiar tu alma. La fe sigue siendo
esencial, no como un complemento, sino como el eje central de nuestra vida.
Que no te absorba lo automático. Que no te adormezca lo digital. Mantente despierto en el
Espíritu, firme en la Palabra y sensible a la voz de Dios. Porque aunque el mundo se
automatice, el cielo sigue hablando con voz personal, directa y transformadora.
No te conformes. Transfórmate.

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